Mostrando entradas con la etiqueta Cosas que nunca se debieron decir.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cosas que nunca se debieron decir.... Mostrar todas las entradas

martes, 26 de mayo de 2009

Dedícame tu mejor sonrisa...

Con todo y a sabiendas, siempre contarán grandes hazañas y anécdotas del trovador. Pero, ¿Qué van a contar de ti, pobre alma desgraciada? Al bajar la luz de los focos siempre hablabas más alto que nadie, pero en el bis te faltaba tiempo para llegar a la salida de emergencia más cercana. Dedicaste el tiempo en sembrar verdes semillas en tierras emponzoñadas mientras a mi, esquivando flashes inoportunos de cámaras curiosas, me han crecido alas. Unas alas que bien reconocidas están, que buen legado dejan y a buen recaudo me guardan.

Y he volado tan lejos
y he llegado tan alto...

Pondría la mano en el fuego si tuviera que adivinar cuánto tiempo has empleado en deshacerte de ciertos lastres si es que de verdad lo son. Porque cada vez es más obvio que, si solamente tuvieras tu ir y venir, si solamente estuvieras tú, gritarías tan fuerte que Satán en persona vendría para romper el contrato que firmó contigo y así poder conciliar el sueño de una maldita vez. Regocíjate en el desastre, viste de nuevo ese negro traje. ¡Señor juez, señor juez! "Atribuno la enmienda que irónicamente dicta la demagogia de mi ego".

Pero será algo tan siniestro,
un desatre manifiesto.

Me sienta bien, lo sé. El sombrero de prestidigitador está hecho a medida, pero tampoco te quites galones antes de tiempo. El tuyo se merece un gran aplauso y un gran reconocimiento. Admite que, al menos, fue esa tu intención. Siempre he hecho lo que he hecho porque he creído lo más acertado, pero tú te riges por unas reglas basadas en un mundo en el que sólo vives tú. Y lo mejor es que ya estás haciendo lo posible por deshacerte de los pocos que te soportaban. Bravo y bravo. Ni yo, habíendolo querido, lo habría hecho mejor. Porque eso sí, siempre y cuando dependa de mí, tú serás la más desgraciada. A ver cuánto tardan en mirar para otro lado los que ya te conocen, como antaño hicieron los que ya vieron a través de tu maraña entreverada de falsedades.

...y que no encuentres nunca descanso.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Cosas que no necesita una sociedad...

Breve introducción al caos, como de costumbre:

Porque estamos hartos de verlo por todas partes, de olerlo, de oírlo, de saborearlo, de intuirlo, de rozarlo, etc. Y he llegado a la conclusión de que estamos mejores sin todo esa banal maraña terrena cochambrosa alimentada por las pobres mentes precarias que te cruzas cada metro y medio de calle.

Gente glam, gente pin-up, emos, emo-teens, punks, tribus urbanas, mas cuadros de Audrey Hepburn, mas fotos de morritos, mas morritos con garrapata de metal (piercing), que dejen a ciertas personas exponer pensamientos (?) retrogradas y desfasados, mas adictos a los efectos de fotografía, mas pedantes (sobran), otro Stradivarius (las niñas ya están lo suficientemente subnormales como para alentarlas), otra dictadura, que dejemos andar por al calle con total impunidad a cierto perfil de personas, gafas de rayas de plástico, que la educación sea publica sin una prueba de aptitudes a finales de cada año, dar sanidad gratuita a cada parásito social que acuda al centro pertinente, demasiados cargos políticos, demasiados cargos en general, un gobierno de izquierdas, un gobierno de derechas, un monarca, zapatos de diseño, salir a la calle en chándal, ponerse tacones con el chándal, porteros de discoteca, porteros de discoteca con dotes humorísticas, que internet nos cueste mas caro que a la mayoría de países europeos, mas pintadas de NO REFINERÍA, a Ramón Garcia, el mismo especial de navidad con Raphael, mas jugadores de fútbol, EUROVISION, un/a niñato/a mueve-masas de Disney por año, películas de Uwe Boll, Adam Sandler, Los 40 Principales, La Televisión, el contenido televisivo, coches caros, coches excesivamente caros, tener que pagar por el agua potable, que de 46 millones de habitantes paguemos seguridad social el 30%, cultura taurina, contratos basura, que dejen opinar a cualquier descerebrado sin un ápice de aprecio por la cultura ya sea literaria, cine o música, que dejen votar en las elecciones sin dar un motivo convincente, pedofilia, mafias, expoliación sexual, grandes empresarios, pequeños empresarios a los que pisan los grandes empresarios, cine de mierda, música de mierda, que a los Rolling Stones les dejen seguir tocando todavía, redes sociales, pagar como poco 5€ por una entrada para el cine, empresas de monopolio (o intento de monopolio), George Bush y demás nazis...

Seguiría y seguiría y seguiría...pero ya me he divertido bastante por hoy.

Bang bang! your dead...

domingo, 17 de mayo de 2009

In My Defence...

Es muy fácil, muy digno y muy cómodo ponerse a sembrar las verdes semillas de la ira, el rencor y la difamación y esperar a que florezcan para ver el resultado obtenido. Soy consciente de que soy y he sido criticado, envidiado, difamado, insultado y demás degradaciones sociales, pero lo último que podría esperar (y no sera porque no me extrañe) es que no se me diera, si quiera, el derecho legitimo a la defensa. Vosotros que juzgáis sin hacer previamente un examen de conciencia propio, vosotros que siendo desconocedores de toda causa defendéis la que más os conviene. Vosotros sois los que deberíais dejar de miraros el ombligo.



En mi defensa diré que siempre he sido consecuente con mis decisiones (le pese a quien le pese) y cuando las he tomado, ha sido por un fin justo. Algo que descubriría quien se preocupase en hablar conmigo una tarde, aunque sea algo que no tengo por que hacerlo ni pensado hacer. Algunas decisiones pesan mas que otras y otras se intenta retractar mas que algunas, pero he seguido adelante. Quien bien me conoce y me ha conocido, sabe que nunca he tomado las cosas a la ligera y siempre he tenido un motivo de peso para escribir pros y contras. Y, si se tomasen un momento para hacer un punto de inflexión, podrían ver que no son tan santos como se pretenden vender y como proclaman a los cuatro vientos. Pero eso es cuestión de sincerarse consigo mismo, aunque ello conlleve ir en contra de lo que algunos y algunas se han esforzado en creer hasta ahora.



Hace algún tiempo que pretendo hacer propósito de enmienda y desintoxicarme del veneno que ha estado corriendo por mis venas, sanar los estigmas que me mantenían despierto a tardías horas escribiendo infinitos y misántropos textos. Pero es imposible negar la naturaleza de la que somos presa y al final siempre termina asomando un poco de ese sentimiento, mezcla de vergüenza ajena y compasión por personas que nunca serán capaces de ver mucho mas allá del castillo que su falso ego y sus inseguridades han edificado alrededor. Pero no caeré de nuevo. Pretendo dar carpetazo a ciertas cosas que creo que ya no están hechas para mi. Sea por edad, sea por antigüedad, sea porque hay batallas que no merecen ser recordadas y otras que se han recordado demasiado. Bien dice el refrán que sabe mas el demonio por viejo que por demonio, pero si la justicia es ciega y sorda, yo seré sus ojos y sus oídos.



Y, en palabras del gran Forrest Gump, no tengo mas que decir acerca de esto.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Creerás en el fantasma de navidades pasadas...

He visto esta calle, esta casa, aquella de allí, una plaza de no recuerdo qué lugar, las puertas de un imperio obsoleto, el puerto de una nación ya erosionada por el peso de las páginas de la historia. He visto viejos rostros robados que se suceden de un lugar tras otro y me he regocijado en placer del anonimato. Hago una parada en un puente que ha visto demasiadas caídas de hojas y recuerdo lugares que antes vi con los ojos de la inocencia. Recuerdo el tacto de la alta hierba de primavera aún húmeda por la lluvia de la mañana, el olor a tierra mojada, los ladridos de un viejo labrador negro, comer a disposición de mi voluntad de los placeres que la tierra me brindaba por aquel entonces. Como si de una hilera de imágenes se tratase, me asaltan y me embriagan durante unos minutos que transcurrieron más rápido de lo que yo pensaba y pienso en la franja que separan mis ojos de aquel confortable entonces...

Ahora se en qué se ha convertido todo aquello. Las calles concurridas de gente agonizan por un diluvio que no tardará mucho en llegar. Ya no encuentran tiempo para preguntarse si están satisfechos con la vida que llevan o con la persona que creen ser. Ahora tenéis que miraros con una enorme bufanda de hipocresía y contar historias triviales que no llevan a nada. Os miráis para comparar si vuestras mundanas posesiones son más o menos preciadas que las de un cualquiera y así poder alimentar vuestro ego de la manera más vil y rastrera. Estáis demasiado ocupados creyendo todo lo que os dicen que habéis olvidado vivir vuestra propia vida y os dedicáis a luchar por unos ideales que para nada son vuestros. El sopor de un estilo de vida está contento con vosotros, porque le habéis abierto los brazos sin pestañear, porque, mientras todo vaya sobre raíles, a quién va a importarle.

Sois tan divertidos como estúpidos, porque habláis y habláis de lo mucho que os preocupa esto o lo que ha dicho el otro y desde fuera se os ve tan sumidos en vuestra irrisoria disputa que casi llegáis a convencerme de que lo que decís son ideas vuestras y no sobadas palabras de boca de un primero. Y es que si supierais de verdad lo que vosotros mismos guardáis dentro...pero no queréis saberlo porque así os va mejor. Cegados y borrachos de vuestra irritante estupidez. Ya no se os puede hablar de nada porque habéis simplificado tanto vuestro sistema que resultáis aburridos, cuanto menos.

Por eso me teméis, por eso me señaláis, por eso evitáis hablar de ciertas cosas conmigo y por eso, justamente por eso, teméis abriros a mi. Yo he visto vuestro verdadero rostro y es una mueca desfigurada tan parecida a una gárgola que casi os podrían anidar golondrinas en la boca. No queréis que os muestre, ni al mundo, cómo pensáis, sentís, juzgáis y por qué lo hacéis, porque en el fondo es vuestra forma de vida: salto, caigo, ruedo, me levanto, muero, vuelve a empezar. No digo que yo me salve de la quema, digo que yo, al menos, soy consciente de que mis limitaciones quedaron atrás hace mucho y por eso os entrego a vosotros mi nihilismo. Porque se que no os va a servir ya que no podéis asimilarlo, pues no lo entendéis ni lo entenderéis. Para vosotros es más difícil no creer en nada que llenaros la cabeza con lo que ya conocéis y no os cuestionáis.

Por vosotros me he desvinculado de todo lo que creía tener importancia, por vosotros me resuta todo tan aburrido, por vosotros me he sentido un extranjero en mi propia casa. Señalado, escudriñado y observado con recelo. Vosotros sois los únicos responsables de haber creado vuestro propio fantasma de navidades pasadas y pronto asumiréis las consecuencias. Si es que alguien no ha recibido ya su tanto por ciento de justicia. Y ya no hablo de moral, porque yo mismo he renunciado a todo ello por tener que sobrevivir junto a vuestra sin-razón. Hablo de estrujar vuestra mente tan profundamente que os veáis obligados a reconoceros en el espejo.

Lo que más me angustia es no poder hacer cuentas con mi diestra y entregaros lo que merecéis. Algún día podréis preocuparos por cosas reales, hablar con la cabeza y el corazón, pensar por vosotros mismo. Pero ese día queda lejos...Hasta entonces, permitidme seguir esgrimiendo mi máscara blanca (que aseguro ha pasado de sobra inadvertida) y descansar en mi palco de terciopelo. La función, os garantizo, que no tiene desperdicio alguno...




jueves, 8 de enero de 2009

...Vivir es aprender a ver en la oscuridad...

Desperté de mi mortalidad y, en mi plenitud, me vi recorriendo los bosques de Francia, las calles de París, el cementerio de Les Innocents, las pulsantes calles del Cairo con su hedor particularmente cargante y sus noches exóticas, la Italia del XIV, los pequeños pueblecitos casi deshabitados de Auvernia, Rhoda con su legendario coloso, la Alejandría del magnífico y el faro que la ilumina, los jardines inmensos de Babilonia, los mortuorios emplazamientos piramidales de antiguos faraones. Y en cada uno de esos lugares pude deleitarme con sus gentes, sus costumbres, sus ritos, sus danzas y sus extrañas formas de hacer que sus vidas tengan significado y supe nutrirme de ello. Pero cuando quise darme cuenta, habían pasado más de dos vidas mortales (unos doscientos años) y no había tenido noticias de alguien que siguiera mis pasos, tuviera mis inquietudes o compartiera mi visión del mundo y la existencia.

Aquella curiosa noche no pudo ser más favorable, ya que la luna asomaba como un gran espejo de plata en el horizonte, sobre el mar y su luz dibujaba una serpenteante senda argentada sobre el vaivén del mar que, por capricho del destino, me permitió ver con claridad lo que tanto tiempo atrás busqué con tanto ahínco.
Su nombre tenía origen en la fascinación que ha ejercido sobre la humanidad de todas las épocas el gran Alejandro Magno. Y ella no sería menos. Recuerdo que en uno de aquellos bulevares hablamos largo y tendido sobre el sentido de muchas incógnitas que atañen al hombre y su razón. Giré un momento la cabeza para ver si el teatro del mundo seguía su curso y, efectivamente, así era. Pero al volver mi mirada a ese Gabriel tan desdichado, quedé iluminado por la imagen que allí contemplé: Soportaba el peso del mundo sobre sus hombros, pero no mostraba un atisbo de inferioridad. Era la grandeza y la fortaleza tomando rostro y, en un descuido del mundo, miró al infinito y dejó caer las lágrimas más hermosas que alguien habría podido contemplar jamás antes de que la luz que esa imagen irradiaba pudiera arrebatarte el mismo calor de la sangre. Recuerdo que aquella imagen siguió repitiéndose como un eco. Asaltándome cuando me descuidaba como esa canción de la cuál nunca recuerdas su nombre y te viene de vez en cuando a la memoria. Los días que siguieron y tardaba unas cuatro horas en dormir cuando reposaba tendido en mi dormitorio y los días que le siguieron transcurrieron en la misma línea. Aún hoy sigo despierto varias horas antes de poder conciliar el sueño y caigo rendido ante el agotamiento.
Recordaba lo sucedido poco antes; había cruzado un océando sujetando con todas mis fuerzas la mano de aquella inquietante criatura y la despedida fue un tanto amarga.

Volví a despertar sin saber a ciencia cierta cuánto tiempo transcurrió desde que me agoté hasta caer rendido, pero al despertar vi un extraño paraje de edificaciones en una metrópolis que me resultaba familiar. La primera noche, me vi vagando por sus calles junto a mi inolvidable acompañante y anduvimos saciando nuestra curiosidad sobre nuestras incógnitas y moviéndonos de un lugar a otro como quien escapa de las miradas ajenas. En uno de esos lugares, posiblemente el más trascendental en mucho tiempo, todo se fue ralentizando paulatinamente hasta que nos vimos compartiendo un momento de cambio para ambos. Nunca fue algo premeditado, simplemente pronunciamos a la vez el nombre de la canción que tiempo atrás nos venía rondando la mente. Y la cantamos. Y la seguimos cantando durante esa bendita noche sin importar el lugar, siempre y cuando fuéramos sólo los dos; Bajo la esfera de espejos, en unas escaleras, contra un firme muro al resguardo de la acechante brisa de la noche, el uno frente al otro. Mirándonos como escépticos encantados, cautivados por aquel momento, aquella situación. Sin importar si nos parábamos enfrentados durante dos segundos, dos horas o dos años. Al menos, yo no me habría parado jamás a perder el tiempo calculándolo. Durante esa noche que desee eterna, canté con todo mi corazón como nunca antes lo había hecho. Pues jamás me suscitaron unas notas de tamaña belleza, ni descubrí sinfonía tan particularmente hermosa en los años que vi me deambulando por unas calles repletas de desconocidos aburridos embriagados por su propia estupidez que desprendían el más abrumante hedor a mediocridad. Entre las inamovibles bocas de metro y las farolas de la ciudad, brillantes como cerillas recién encendidas en una habitación a oscuras, entrelazamos las manos con la misma fuerza que el propio pánico al armagedón impulsaría. Al transcurrir de las horas, le seguía la inminente amenaza de que esa velada tocaría su fin, pero a ninguno nos impidió continuar hasta el final del último viaje de la noche.
Llegamos al momento en que debíamos retirarnos a meditar sobre lo que esa noche aconteció, pero no sin antes darme cuenta de que el destino (si es que alguna vez existió y cada vez doy más cuenta de ello) jugaría una vez más a la ironía y a la burla. Pues en ese instante de despedida comenzaron a caer frágiles y livianas lágrimas del cielo, como si alguien estuviera esparciendo una pálida y envolvente ceniza sobre nuestras cabezas o como si de un comercial moderno se tratase. De la forma que fuera, no tuve más remedio que despedirme y retirarme a intentar conciliar el sueño tras todo aquello sin antes compartir con la durmiente ciudad unas risotadas de emoción como pocas veces he conocido.

La mañana, la cuál me pareció un breve prolongación de la noche anterior, meció mi lecho y me vi abriendo los ojos en una claridad extrañamente luminosa. Contemplé el nuevo rostro de esa aún reposante metrópolis y mi sorpresa se hizo patente. Sus picos estaban cubiertos de un polvo blanquecino, suave como el terciopelo de las capas rojas italianas que se vestían en las antiguas cortes del XIV y frío como debe estar el mismísimo trono de Prometeo. Pero nada de eso impidió que mi curiosidad por el nuevo mundo me llevara a hundir mis desprotegidas manos en aquel suave manto de coco que me envolvía.
El día transcurrió sereno y perezoso, pero pronto me vi de nuevo caminado entre la multitud inquieta de la urbe mientras los copos nos acariciaban el rostro a todos por igual. Aunque a esas horas ya nada parecía tan distinto, puesto que la nieve había sido repartido uniformemente por todo rincón habido y por haber. Nuevamente y al ir cayendo la noche, la magia del lugar empezó a rodearme con sus brazos. Sentí la imperiosa necesidad de compartir aquello con alguien, pero no tuve que esperar a esclarecer un nombre. Lo tenía claro.

Al cabo de un interminable par de horas la volví a ver y, lejos de las tediosas masas, nos guarecimos en un acogedor café aparentemente anónimo de las miradas curiosas. La atmósfera no podía ser mejor; Pudimos volver a entrelazar las manos, a entonar la misma canción que la noche anterior, con la misma incertidumbre y las mismas dudas, con la misma sinceridad, la misma paz que siempre me transmitió. Pero ahora, estaba serena. Podía verla hecha un mar de dudas e incertidumbre, mas conmigo estaba segura. No hizo falta que me lo hiciera saber. Sus ojos, antes grises como la bruma, ahora respiraban cristalinos como el agua y tras ellos no había señal alguna de pesar o arrepentimiento. Volvía a ser fuerte. Volvía a ser la que llevaba el nombre del gran conquistador, el cuál, lloró al contemplar que su imperio no podía seguir extendiéndose al no quedar nada por conquistar. Volvía a ser mi gladiadora.
Continuamos conversando y la tenue luz de las velas y el rumor de la gente hizo de la atmósfera un lugar acogedor como pocos. Allí compartimos temas triviales y otros de mayor importancia, pero siempre eramos uno apoyando al otro. Siempre los dos. Pude contemplar todo el esplendor suspendido en una vela, calculado en un profundo beso y capturado en una foto, donde habré quedado inmortalizado para siempre hasta que, para mi desdicha, no haya sido más que el recuerdo pasajero que alguien terminará borrando irremediablemente. Y podría haber seguido allí, con el mismo café, en ese mismo lugar, en esa misma hora y en esa misma ciudad por mucho, mucho tiempo. Pero el tiempo nunca ha sido un factor que jugase a mi favor y esa noche no iba a ser menos. Nos dispusimos a dejar de nuevo aquel halo que nos envolvía desde la noche anterior e intenté caminar lo más despacio posible y así poder dilatar aquel pequeño trayecto, pero ya la noche estaba llegando a su fin y la velada terminó con propósito de reencuentro a pocas horas de aquel entonces. Solo que esta vez, sería la última vez para los dos.
Así pues, tomé el camino de las calles aún húmedas y me paré a contemplar el caleidoscopio que me ofrecía esta nueva época que aún me es desconocida, pero reía como la noche anterior. La congoja se asió a mi garganta como si de un nudo marinero se tratase,pues estaba siendo consciente del inminente final que se avecinaba. Como cuando hueles que está a punto de llover, pero no sabes a ciencia cierta si te asaltará desprevenido. Seguía caminando, pero no sabría decir a ciencia cierta cuánto tiempo transcurrió desde que la luz de las farolas de la gran ciudad me marcaron el camino a través de las frías calles hasta que me hallé sentado en un pequeño y deteriorado banco de madera que ya hacía mascullaba y se quejaba cuando ibas haciendo el ademán de sentarte.
Pero la noche fue tornándose un poco más amarga que la anterior, pues no entendía qué propósito tenía lo que allí estaba sucediendo. Intentaba comprender por qué tanto tiempo atrás no habría escuchado a alguien así, tan distinta de lo que creía normal y por qué no se había presentado con más claridad y antelación ante mi. Paradójicamente, yo, que creí conocer mi tiempo y creía conocerme a mi, me veía planteándome mucho de lo que había creído hasta ahora.
Hasta que, finalmente, volví a caer rendido ante el agotamiento y el quebrar de cristales que ya creí olvidados.

Muy de mañana, hice mis ritos diurnos y me dispuse a dar un paseo por el nevado paraje que mis pies iban encontrando sin importar hacia dónde me dirigía, pues tuve tiempo para reflexionar sobre viejas anécdotas que ya tenía por obsoletas; historias de la vieja Auvernia que había leído en escritos de tiempos de Marco Aurelio y en nuevos asuntos que turbaban lo que antes era clarividencia. Por suerte, la mañana transcurrió presta y muy de seguido me vi de nuevo rodeado de la muchedumbre habitual de una gran ciudad, donde cada uno caminaba hablando de nuevas historias y esa historia distinta a la que le seguía en otra persona diferente. Pero no tardó mucho en romperse la monotonía del ir y venir de las gentes.
Como quien acaba de llegar a una nueva era, mi conquistadora helena emergió del subsuelo como lo harían las ninfas de Orféo guiadas por su melodía. La contemplé sonriente mientras la veía husmeando con rostro curioso a su alrededor, escudriñando los rincones para asegurarse de encontrarme. Envuelta en un abrigo negro, como las parisinas de hace unas décadas, terminó de encontrarme y nos encaminamos calle abajo esquivando a los ajetreados transeúntes que no hacían miramientos en quién iban arroyando.
Ya hacía algún tiempo que paró de nevar y el gran astro se había colocado en su lugar habitual para así poder tendernos una mano ante aquel gélido viento invernal que cortaba la piel. Hablando mientras caminábamos y nos asíamos por la cintura, llegamos a algunos parques, atravesamos muchas calles y volvimos, poco a poco, a meternos en esa deseada atmósfera donde todo lo que ella tuviera que contarme ocupaba toda mi atención y cobraba una insospechada relevancia para mi.
Caminamos y caminamos y yo habría seguido así de no habernos encontrado un pequeño habitáculo donde antaño dormitaron antiguos reyes, ahora expuesto a la opinión de cualquiera que se quisiera parar a verlo. Y allí encontramos el momento adecuado para poder inmortalizarnos nuevamente; unas veces separados y otras benditas ocasiones juntos. Fuimos testigos del momento en que el gran astro, que eónes atrás Apolo habría manejado, se retiraba a a la par que Selena, la antigua Luna que tantas épocas vió nacer y perecer, se alzaba. Y jústamente, en ese momento, volvimos a cantar la canción de las noches anteriores; volvimos a ignorar el gélido viento que nos rodeaba, las extremidades casi entumidas debido al frío. Volvíamos a ser fuertes, a ser bellos, a compartir la carga que cada uno tenía sobre sus hombros. Y todo ello vendido por un penique. Un penique por todo lo que ella estaría pensando, un penique por lo que siempre pensaré yo. Pero no sería yo el que rompiera con esa hermosa tarde de invierno por nimiedades mientras tuviéramos toda la ciudad para nostros y tan sólo unas horas para dejarnos llevar. Y mucho menos si eso no iba a ayudarla en nada.
Finalmente, nuestros pasos nos llevaron a un gran salón de Cine, donde pasamos más tiempo del que yo hubiera deseado, pues hubiera preferido estar en algún recóndito lugar jugueteando con nuestros dedos, como lo hice la tarde anterior. Pero fue igualmente grato estar compartiendo un lugar cerrado al desagradable rugido del estómago de la gran ciudad.
No recuerdo con claridad lo que pasó frente a nuestros ojos, pues yo estaba inmerso en otras lagunas algo más turbias, pero intentaba volver al presente en la medida de lo posible y dejarme llevar. Tras un largo pero agradable rato, fuimos devueltos a los enormes nervios que construían el plano de esa brillante ciudad y nos guarecimos lo antes posible en el último sitio donde ambos recordaríamos haber estado sentado juntos.
El lugar podría haber sido como cualquier otro, puesto que no tenía nada ni a nadie en particular. Bueno, a casi nadie. Pero fue el último lugar en el que me pude ver sentado frente a ella. Donde intentaba no pensar en el tedioso y pesado sonido de las agujas de un reloj que hacía lo posible por abrasarme por dentro. Un reloj que nunca se ha apiadado de nadie y que hacía lo posible por recordarnos lo inevitable.

Llegado el momento, descendimos al subsuelo. Paradójicamente, donde todo había comenzado horas antes. Y ahí fue donde entonamos nuestra canción por última vez. Una canción que nuestros labios conocían perfectamente. Prometo que hice uso de toda mi voluntad para erguirme como un coloso, pero cuando contemplé aquella desgarradora visión, aquella imagen que arrastraba los días que le antecedieron con ella a un oscuro túnel, no pude encomendarme a nadie y deambulé desamparado hasta que, a cabezazos, pude ver el camino de vuelta hacia donde nunca debí despertar.
Horas después me vi corriendo entre los campos y las aldeas como alma que lleva el diablo, como ya hice siglos atrás en mi Francia natal cuando desperté por primera vez. La noche acampó sobre mi. Las farolas, antes claras como obeliscos, ahora pasaban borrosas a mi vera y la canción que antes habíamos cantado juntos, ahora perdía toda su fuerza y las notas se me iban escapando de las manos. Así hasta que se convirtió en un eco.

Y ahora, que tendré todo el desafortunado tiempo de las eras, podré esperar a una nueva nevada que traiga consigo los copos que una vez me vieron cantar tan ancho y tan amplio. Mas descanso tranquilo, porque estaré atento por si alguna vez la vuelvo a oir pronunciar mi nombre y puedo acudir en su auxilio.



Y, de la misma forma que Alejandro, lloraré porque no podré conquistar más allá de las murallas de mi imperio.

jueves, 18 de diciembre de 2008

...Adiós, compañeros, adiós...

Queridos amigos de Las Alas De La Mariposa:

Gracias a todos por haber seguido LADLM todo este tiempo. A los lectores y posteadores y todos los que mantienen viva la llama de la cultura y la esperanza. Pero ha llegado el momento de decir "hasta pronto" puesto que mañana parto a poner casa en país lejano. Volveré con fuerzas renovadas, mucho sobre qué escribir y mucho sobre qué comentarios. A los de siempre y a los nuevos (o las nuevas).

Un abrazo grande de alguien que espera volver pronto de una pieza, pues son muchos los quebrantos que aún restan por testar. Me acordaré mucho de vosotros y espero que vosotros de mi, de modo que os dejo esta actualización para que me contéis lo que queráis, el tiempo que queráis y las veces que queráis. Intentaré leerlo desde Lanzarote.

Siempre vuestro:

Francis...

domingo, 14 de diciembre de 2008

Si alguien tiene una pistola, que la alquile y le quite la flor

Las cosas son así: La gente no pregunta las cosas para que le digas la vedad por mucho que te pida sinceridad. Lo dicen para descargar en alguien la responsabilidad de la estupidez de sus actos y poder decirse a sí mismos que no son tan estúpidamente predecibles y absurdos como en la soledad (acaban de darme arcadas y acidez a partes iguales) de sus habitaciones saben que son.

Ahora da igual que sepas reírte de un buen comentario, hacer un buen chiste, saber encajar y devolver un comentario ingenioso o ser un misántropo narcisista y egocéntrico que suscitaría la lívido de cualquiera en otras circunstancias o lugar. Ahora lo que se lleva es embotar los sentidos y meterte la cabeza en el recto para pensar. Y yo digo; ¿Para qué? Ya no merece la pena buscar gente ahí fuera, salir se ha convertido en algo secundario, el 50% de las cosas que te han contado es una gran mentira llena de mierda que no te sacará de nada y todo por lo que vas a luchar te lo han infundido en tu infancia sin darte la opción de formarte, primero, como persona pensante y auto-suficiente.

La gente es aburrida y más aún cuando no puedes romperles las piernas. Debería estar permitido un crimen capital por vida humana a la gente que de verdad podría quitar de en medio a alguien que de verdad estorba. Y se me ocurren tantas candidatas...digoo..candidatos.

No lo penséis, ya os lo digo yo. Vais a salir a embriagaros para no tener que lidiar con el hecho de miraros al espejo y fingir ser alguien que no sois, para consolaros cuando hagáis el ridículo diciendo "Ah...es que estaba muy borracho", para ser aceptados en un círculo social de auténticos tarados...y...hmpf...no importa...Sé por qué lo hicisteis, sé que teníais miedo, sé que no tuvisteis opción y que no os habéis dado cuenta de nada.

Así sois más felices, pero no penséis que estáis exentos de culpabilidad por eso...

Y tú menos que nadie, maldita broma genética. Mi bala ya tiene un nombre escrito y no es Carolina.

lunes, 6 de octubre de 2008

Aquí


Aquí está el mismo borracho de siempre.
Aquí está el mismo que pierde la cabeza por la torpeza de algo peor.
Aquí se vierte siempre la misma corriente de versos,
la misma copa vacía, los mismos besos que siempre se terminan estrellando contra la pared.
Aquí como alma que ya no quiere llevar el diablo.
Aquí porque tampoco es mejor que lo dejaré que más adelante.
Aquí porque sé que alguna vez volverás.
Aquí porque siempre supe tener en mente lo siguiente a lo infundido.
Aquí porque no deslumbra tanto el foco.
Aquí me siento para verme aquí con ella.
Aquí olvidé lo que una vez me hacía recordar.
Aquí las noches se hacen desconcertantes.
Aquí vuelvo a no estar presente.



Aquí que las olas despeinan la piedra.
Aquí el tiempo no pasa tan deprisa.
Aquí porque no es tan amargo.
Aquí donde nunca se atreve nadie.
Aquí que nadie es especial.
Aquí porque vencimos con nuestra derrota.
Aquí que ya no saldremos a escena.



Aquí me quedo.
Aquí con ella.
Aquí que no es un infierno...

lunes, 15 de septiembre de 2008

Fin de un viaje infinito

El artista retomó su pluma y, con mucho esfuerzo, siguió escribiendo y escribiendo hasta que hubo satisfecho su ser. "El viento fue desvaneciendo el hueco ser..." comenzó. Y prosiguió: "que una vez habitó en los páramos del eco".



Veo un mundo diferente,

siento que todo ha acabado ya,
demasiados años en ninguna parte,

demasiados viajes a ningún lugar.









Abrió las puertas de las que tanto oyó hablar, pero su único consuelo fue ver que no encontró nada porque nada esperaba ver, salvo la sobrecogedora nada. Más adelante, cuando se halló sentado en la cuna de la tierra, vio alinearse planetas y estrellas, sintió la energía de la tierra que antaño hubo regurgitado sus entrañas hacia nuestros páramos y fue testigo de la maravillosa simpleza de la naturaleza que le rodeaba.





Me falta valor para encender la radio,
todas las emisoras han cambiado su dial,
tengo miedo a lo que pueda encontrar.






Ahora el poeta camina disperso en la maraña de su cabellera sin reparar en lo trivial del mundo, absorto en sus pensamientos, inmerso en el recuerdo de algo mejor, intentando recordar viejas canciones que le ayuden a entender al mundo nuevo, puesto que no existe nada nuevo salvo lo que la mente ha olvidado.






Bienvenido al mundo del ensayo y del error.
Bienvenido al tiempo del amor y de la llaga..
Ahora tendrás que aceptar que todo es diferente...








Y entonces, sólo entonces, la hija de tu vecina no se suicide..

martes, 15 de abril de 2008

...Carta de un Avatar...

En primer lugar: pediros disculpas porque pudimos y no quisimos. Ya fuimos avisados de diferentes formas, varias veces, y desde hacía ya mucho. Se hicieron canciones sobre ello, películas, documentales y aún así no pudimos/quisimos evitarlo.Sentimos que vosotros tengáis que pagar por los errores de vuestros padres al igual que nosotros lo hicímos con los nuestros, pero sucedió tan despacio y, a su vez, tan deprisa que no pudimos remediarlo.

Los gobiernos hicieron caso omiso, pues seguían haciendo negocio a pesar de las veces que nos taparon la boca y nos dijeron lo que queríamos oír, nosotros mismos continuamos agravando el error con la idea de "ah, aún falta mucho" o "bueno, a nosotros no nos tocará estar aquí para entonces". No, es cierto que no nos tocará, pero es el pato que tendrán que pagar nuestras generaciones futuras, vosotros. Espero que cuando podáis leer esto (si es que finalmente podéis) ya tengáis los medios suficientes para sobrevivir o haber subsanado el daño.

En nuestra defensa diré que nos idiotizaron con cine, televisión, falsas esperanzas, información manipulada y nos hicieron caer en una insana rutina de tragar con todo lo que nos decían y queríamos oír. Cuando quisimos despertar, ya era tarde y la sociedad que conocíamos tocó a su fin.

También os diré que terminamos con los bosques porque nunca pudo existir un primer mundo sin un tercero y este último, tenía que subsistir de la forma más furtiva y clandestina haciendo todo lo que sus patrones enchaquetados alardeaban de no hacer de cara a nosotros.
Con la contaminación pasó más de lo mismo: vertidos, humos, gases, minas, explosiones, experimentos y muchos "avances" que nos impedían bajar de calidad de vida, pues una vez descubierto el coche y el motor de combustión, no pudimos dar un sólo paso atrás. Poner en vuestro conocimiento, que contábamos con motores capaces de funcionar con agua y con medidas no-contaminantes, pero eran demasiado caras y no rentaba ganancias, por lo visto...así que se nos negó el derecho legítimo a poder hacer uso de esos recursos.

Dadas las circunstancias, lo hicimos lo mejor que supimos/pudimos y algunos de nosotros colaboramos en un mañana mejor, pero la comodidad, la apatía y la pereza jugaron en contra de nuestros congéneres. Aunque me hubiera gustado que pudierais haber presenciado los momentos importantes que tuvimos a lo largo de la historia.



Gracias y perdón, una vez más.

viernes, 29 de febrero de 2008

...Under the cartwheels...



Fuiste tú, siempre eras tú..
Y nunca me importó demasiado,
para ser honesto...






Soy la voz rasgada de Frank, la voz dentro de tu cabeza que te niegas a oír. Soy el rostro borroso de Frank, el rostro al que te tienes que enfrentar y del que pretendes huir. Soy el de la izquierda, el de la derecha, soy el enemigo. Soy la mano de Frank, la que te pondrá de rodillas....Y entonces, ¿Quién se supone que eres tú?.





La música es para el hombre triste.
La música la toca sólo el loco.









No sales, no hablas, a penas comes. Te has convertido en un vampiro social y te sientes orgulloso de ello. ¿Por qué? muy simple: es con ellos o contra ellos y ahí no te espera nada que merezca la pena. Tranquilo, no todo está perdido y cuando nos volvamos a juntar para nochebuena o el próximo funeral, seguiremos fingiendo que nos interesa lo que sea que tengan que decirnos...




Dejadnos permanecer jóvenes,
o dejadnos vivir para siempre.
No tendremos el poder,
pero nunca decimos nunca.






Y al final...cuando el espacio nos gane la batalla, giraremos la cara hacia el Sol y podremos respirar por primera vez desde la revolución del celofán. Libres, felices...siempre jóvenes.


Y luego desperté y pude contemplar
que había estado soñando despierto.
Que todo habían sido elucubraciones,
que nunca hablé con nadie,
que nunca hubo un sonido,
que nunca hubo canciones...

martes, 26 de febrero de 2008

...Let us die on let us live forever...

Puede que haya estado aquí antes.

Conozco esta habitación,
he caminado sobre este suelo...



He sumergido la cabeza en hace 18 veranos y he visto aquel cielo naranja una vez más. Donde siempre fui libre, donde todos deberían haber podido pasar un verano en aquel lugar, donde nunca tuve intención de crecer y donde el tiempo nunca fue una preocupación.
Tengo los recuerdos más lejanos, cada vez más presentes y los nuevos cada vez se desvanecen más deprisa y siempre pienso: Qué no daría yo por volver a escribir mi nombre en la corteza de aquel árbol.




¿Podemos escalar esta montaña?
No lo sé...
Ahora es más alta que nunca
.







Ya lo decidimos en su momento y a los 50 escribiremos nuevos refranes elucubrados con una espesa barba para los de 20. Deberíamos ser los encargados de promover las nuevas melenas revolucionarias de las generaciones futuras sirviéndonos de nuestra aversión hacia estas mismas. Puede que si se ven solos de verdad, piensen en todo lo que un día hicimos por y para ellos. Al fin y al cabo, ¿Quién necesita héroes hoy en día?. Ya nos cansamos de luchar guerras que nunca nos pertenecieron...





El paraíso puede esperar.

Sólo estamos mirando el cielo.
Deseando lo mejor, esperando lo peor...



sábado, 23 de febrero de 2008

...That's what I came here to say...









Nunca quise
hacerte daño.
Eso es lo que vine a decirte.



Ya han pasado cuánto, ¿4, 5 años? No quiero pararme a echar la cuenta, pero de vez en cuando me giro por la calle si huelo ese perfume, por si acaso. Es mejor conformarse con el recuerdo de algo que, aunque no fuese bueno, fue lo mejor. Por si luego no supera las expectativas vertidas en él.







Pero si estaba equivocado,
entonces lo siento.

No lo dejaré en medio del camino.








Ya no usamos la conciencia. Nos fue arrebatada el 16 de Diciembre de entonces y ahora que tenemos taitantos y hemos aprendido a morder espinas y saborearlas con dulce, tenemos grabada una mueca de sonrisa de cuero. Y ya no rezas ni a santos, ni a pecadores con sayón de tres cuartos...porque al final, darán el mismo brindis y al beber te guiñarán el ojo.









Mi cabeza se resiente por pensar
en las cosas que nunca debería haber hecho.

jueves, 21 de febrero de 2008

...Orange Sky...




Bien...he tenido un sueño, donde estaba de pie bajo un cielo naranja. Sí, he tenido un sueño. Estaba de pie, con mi hermano.


Siempre nos terminamos viendo a nosotros mismos mirando las ruedas del coche en los viajes, sacando la cabeza por al ventanilla para sentir algo de brisa e imaginar que no estamos ahí.

A veces los viajes llegan al destino deseado,a veces nos desviamos y a veces, simplemente, no llegamos..

Cuando no llegamos, muchos de nosotros nos perdemos, damos vueltas o corremos en direcciones opuestas y podemos llegar a chocar.


He vuelto a tener el mismo sueño,

estaba de pie bajo un cielo naranja.
Sí, he tenido el mismo sueño.
Estoy de pie, sin mi hermano...


Las cosas más irrelevantes cobran verdadera importancia cuando menos lo esperamos y cuando esperamos que lo hagan, no lo hacen.
Las cartas de despedida no sirven y las declaraciones de guerra son vanas.

Cuando se termina el camino es cuando miramos hacia atrás y vemos el surco que hemos ido dejando, las huellas que hemos construido y los baches que hemos saltado con más o menos dificultad...

Y a veces los baches no se superan o nos encontramos con alguna piedra y tropezamos. A veces, una piedra no superada no importa, pero te mina lentamente. Y puede que te pesen los bolsillos justo antes de llegar al final del viaje...


Soy muy fuerte como para preocuparme...
Demasiado fuerte....
Demasiado preocupante...